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Akelarre en la Cueva de Zugarramurdi

Museo brujas Zugarramurdi, zugarramundi, Navarra

Un Akelarre, también conocido como sabbat o aquelarre, son las fiestas que realizaban las brujas en honor al diablo; por lo que si esn Zugarramurdi había brujas, en la Cueva de Zugarramurdi habría akelarres… ¿o no?

¿Qué es un akelarre (o aquelarre)?

La palabra akelarre, o aquelarre, tiene su origen en el Euskera. La palabra Aker significa macho cabrío, es decir, la representación del Diablo, el cabrón. Mientras que la palabra lar significa prado.

Por tanto, la palabra aker-lar (akelarre), se podría traducir como el Prado del diablo, en el cual las brujas hacían sus fiestas, bailes y celebraciones en honor a éste.

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Akelarres en Zugarramurdi

Como hemos comentado, la palabra akelarre significa Prado del Diablo, sin embargo, cuando vayas a ver la Cueva de las Brujas de Zugarramurdi, vas a ver… pues eso, una cueva. ¿Entonces? ¿No hay prado?

Sí, lo hay. Anexo a la cueva hay un prado que se sigue llamando «Prado del akelarre«, lo cual, como hemos explicado es una redundancia ya que la propia palabra lar, ya significa prado. Se cree que en este prado sería donde aquellas brujas de hace 400 años harían sus celebraciones en honor al diablo.

Este prado se encuentra al lado de la Cueva de las Brujas de Zugarramurdi, y lo vas a poder ver desde la cueva. Está a unos 500 metros del pueblo.

¿Cómo eran los akelarres?

Obviamente, no hay una respuesta «oficial» o real. Hay quien habla de orgías y bacanales, hay quien defiende que eran unas fiestas y bailes al lado de una hoguera… Sea como fuere, sí que se coincide en que seguramente habría un consumo de hierbas o sustancias alucinógenas que provocarían la enajenación de los y las participantes.

Si has visto la película «Las Brujas de Zugarramurdi«, de Alex de la Iglesia (sin hacer spoiler) quizás recuerdes que se realiza un akelarre multitudinario, pero éste se celebra dentro de la cueva, cuando en realidad, parece ser que los akelarres eran en el prado.

Fases de un akelarre satánico

Tras el auto de fe celebrado en Logroño a principios del Siglo XVII, se publicaron unos documentos que parece ser describían los aquelarres de Zugarramurdi. El antropólogo español Carmelo Lisón Tolosana los ha explicado.

La convocatoria del aquelarre

Era obligatoria la asistencia al akelarre para tod@s los brujos y brujas. Si alguno fallaba, se le azotaba y maltrataba a modo de castigo por no atender al aquelarre.

Cuentan que en Zugarramurdi se celebraba un akelarre tres veces por semana (lunes, miércoles y viernes). El horario era después de las 9 de la noche. Además, cuentan, que el sapo que tenía y cuidaba cada brujo y bruja —incluso alimentándolo con su propio pecho— era el que les avisaba y a continuación se untaban con un agua verdinegra y repugnante obtenida del sapo —para conseguirla azotaban al sapo con una varilla y una vez que estaba bien hinchado lo apretaban con el pie contra el suelo hasta que vomitaba el agua hedionda que cuidadosamente recogían y guardaban. ​

Las brujas que iban a ir al akelarre en Zugarramurdi, mientras se untaban recitaban la fórmula «Señor, en tu nombre me unto; de aquí en adelante yo he ser una misma cosa contigo, yo he de ser demonio«​ y gracias al ungüento podían salir volando por ventanas, agujeros o grietas que abre el demonio. En el viaje por el aire la bruja normalmente lleva el sapo en el lado izquierdo, aunque a veces van andando siguiendo al sapo.

El homenaje al diablo

Cuando los brujos y brujas llegaban al lugar del aquelarre en Zugarramurdi, contaban que primero se adoraba al diablo, postrándose de rodillas ante él y besándole en sus partes pudendas.

A continuación, se mezclaban entre ellos y comenzaban la fiesta danzando y bailando. «Pero pronto comienzan sus escapadas para asustar a pasajeros nocturnos, a pastores, marineros, molineros, amigos y enemigos, para romper platos en las cocinas y tejas en las casas, destruir granos, frutos y ganado, y también para causar muertes especialmente de niños».

Por otro lado, si a algún brujo o bruja se le escapaba el nombre de Jesús, el aquelarre se desvanecía, por lo que en la próxima reunión era severamente castigado.​

La misa negra y la orgía

Según los inquisidores que torturaron a los brujos y brujas de Zugarramurdi, en algunas noches especiales, como podían ser la víspera de Reyes, de la Ascensión, de Corpus Christi,… se celebraba un ritual especial dividido en dos partes.

En la primera parte de esta misa negra, los brujos y brujas se debían confesar ante el demonio y se acusaban de haber entrado en una iglesia, de haber oído misa… y de los males que habían podido hacer y no habían causado.

La segunda parte, era una misa sacrílega celebrada por el demonio revestido con ornamentos negros, feos y sucios. En esta misa, los brujos y brujas dirigidos por el demonio se seguían los mismos pasos que en la misa cristiana. Tras el sermón en el que el demonio exhortaba a los brujos y brujas a hacer el mal, prometiéndoles a cambio el paraíso, los «feligreses» uno por uno se acercaban al demonio y se arrodillaban ante él besándole la mano izquierda, los pechos, los genitales y el ano.​

Al llegar el momento de las consagraciones, según los testimonios de estos brujos y brujas torturados por la Inquisición, el demonio alzaba algo parecido a una suela de zapato donde estaba su figura y decía Esto es mi cuerpo y a continuación un cáliz de madera, negro y feo, mientras los brujos lo adoraban arrodillados. Después los brujos y brujas se acercaban al «altar», que estaba cubierto con un viejo paño negro, feo y deslucido y comían y bebían lo que el oficiante había «consagrado».

Esta parte, hasta aquí, era la misa negra que seguía un ritual muy parecido a la misa cristiana, pero el final era totalmente diferente. Para finalizar la misa negra, el demonio copulaba con las brujas y sodomizaba a los brujos, para comenzar a continuación una orgía entre todos. Contaban que «Brujos y brujas se mezclan sexualmente y aparean unos con otros en total promiscuidad, sin consideraciones de sexo ni grados de parentesco».​

Algunos inquisidores, tras escuchar estas confesiones, concluían que la razón última del sabbat era precisamente el emparejamiento sexual con el Diablo y el de los brujos entre sí. Decían que cuanto más repugnante y ofensivo fuera el acto sexual, más favorable era a los ojos de Satanás, .

El banquete de los Akelarres

Tras el auto de fe de Logroño contra los brujos y brujas de Zugarramurdi, en la publicación que se hizo el año 1611, se decía que en el banquete que celebraban todos juntos, see basaba en comer cadáveres de brujos ya fallecidos, así como víctimas de sus actos maléficos, especialmente niños y cuerpos desenterrados. «Allí mismo y sobre la sepultura les sacan las tripas y los descuartizan; cubren la sepultura para que no se advierta la profanación y se ponen en camino de vuelta al aquelarre con gran regocijo y contento, llevando los padres los cadáveres de los hijos o los hijos a los de sus padres y hermanos y las mujeres a sus maridos. Allí los despedazan y los dividen en tres partes: una la asan, otra la cuecen y la tercera la dejan cruda; puesto todo sobre una mesa de manteles sucios y negros, reparten las viandas los parientes más cercanos, reservando el corazón para el demonio». Algunos de los interrogados por los inquisidores confesaron también que raptaban niños y les chupaban la sangre, mientras el demonio les decía: «Chupa y traga eso, que es bueno para vosotras«.

Fin del akelarre

El aquelarre acaba al amanecer cuando suenan las primeras campanadas de la iglesia​ o con el canto del gallo.

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